Todos sabemos que para hacer un buen pan hace falta harina, agua y, muy importante, levadura; podríamos decir que son los ingredientes canónicos de la panadería y pastelería. La levadura aporta ese delicioso aroma, además de una valiosa calidad nutritiva al pan.
Una forma muy sencilla para evaluar el pan es abrirlo mientras aun está caliente, recién sacado, su interior tiene que tener un color un poquito oscuro, elasticidad, y el delicioso aroma que le aporta la levadura.
Pero ¿Qué es lo que tenemos cuando hoy en día compramos pan en las panaderías, en este caso, de las poblaciones de Bejuma, Montalbán, Nirgua, incluso Valencia? Un pan extremadamente blanco, sin aroma alguno, que se convierte en un arma de guerra en una horas por lo duro que se pone, no muestra indicios de levadura en la mayoría de los casos, en fin, una basura si hablamos de nutrición.
Es clásico el recordar al panadero como uno de los oficios que exigía levantarse y empezar a laborar temprano, para poner a levar el pan, hornearlo y tenerlo listo a primera hora de la mañana, en que los clientes lo buscaban para desayunar. Pero parece que hoy en día este oficio se resuelve con el uso del peligroso bromato de potasio.
El peligroso bromato de potasio.
Si algunos recuerdan, hace ya varios años se determinó que muchas panaderías estaban usando bromato de potasio en una “cantidad considerable”, en la fabricación de sus panes, para ahorrarse costos.
¿Será que de nuevo están usando esta sustancia para ahorrarse “costos”?
¿Tal vez una nueva modalidad que ya colocaría al pan “nutritivo” por debajo del “pan regulado”, y nosotros estaríamos pagando más por algo de menos calidad que ese otro pan “regulado”.?
Hasta ahora, de todas las panaderías en donde compro pan, solo una hace un pan campesino de excelente calidad, y sus panes salados a ciertas horas del día cumplen con mis espectativas para un delicioso y nutritivo pan, y que conste que ellos no me pagan por esto: La Gran Parada, que por casualidad está frente al único vendedor de verdadero queso blanco en Bejuma.
Cuando se come pan de verdad los intestinos funcionan de maravilla, con heces voluminosas y blandas que no le producirán el menor daño al defecar. La fibra absorbe el agua del estómago, se expande y hace sentir a la persona satisfecha, saciando el apetito con menor cantidad. Pero actualmente las malas imitaciones de pan han contribuido a la degeneración de la salus de muchas personas con el paso de los años.
Recuerde, coma pan de verdad.
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